Y llegó un deseo, convertir lo plasmado en una vidriera de la catedral de León en un instrumento con cuerdas y su sonido propio.
Y para el clavijero, esa garrita indecisa de la vidriera se nos antojo gargola y ¡sí! justo detras de esa vidriera estaban las gargolas del claustro!
Así que manos a la obra y este es el resultado:
Ah! y un detalle, una firma real, la más famosa de León, incrustada en Taracea en el fondo de esta fiera: